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Vergüenza y culpa en el abuso emocional – Parte 1

¿Por qué he aguantado tanto tiempo? ¿Cómo he podido permitir que me traten de esa manera? ¿Quién soy yo después de toda esta historia?

 

A pesar de que podemos sentirnos bastante solas e incomprendidas cuando este tipo de preguntas llegan a nuestros pensamientos, la realidad es que es bastante común su presencia tras haber transitado una experiencia complicada.

Todo este cocktail de emociones, pensamientos y sensaciones en el cuerpo se convierte en una maquiavélica paradoja en sus diferentes caras, porque lejos de ayudarnos a procesar la experiencia vivida, nos ahogan cada vez más en las heridas del abuso recibido. 

La vergüenza, la culpa… ¿Por qué las necesitamos?

Para todas aquellas personas que hayan transitado un proceso terapéutico, sigan en redes sociales a profesionales de la salud mental o les llame la atención curiosear sobre psicología, no resultará extraña la frase de que todas las emociones son necesarias. Sin embargo cuando se habla de algunas como la vergüenza y la culpa pareciera que cuesta mucho más encontrarles su lugar. 

 

¿Para qué sirve sentir culpa? ¿Qué gano cada vez que me siento avergonzada/o? Ambas emociones tienen un fuerte componente social, lo cual no es de extrañar cuando partimos de la premisa de que somos animales sociales. A lo largo de nuestro desarrollo como especie, vivir en grupo fue imprescindible para nuestra supervivencia. Para que esta convivencia fuera posible era indispensable que se mantuviesen una serie de normas que asegurasen la cohesión y el funcionamiento del grupo. Esta es una de las más tiernas raíces de los valores. Si estas normas, intrínsecas o extrínsecas, no se hubiesen cuidado, el mantenimiento del grupo, y por tanto la supervivencia de cada uno de los miembros, no habría sido posible. 

¿Y qué tiene que ver esto con estas dos emociones? Tanto la vergüenza como la culpa están estrechamente relacionadas con nuestra identidad, es decir, tanto por cómo yo puedo verme a mí, como con cómo soy vista por aquellas personas que me rodean.

A su vez, cómo soy vista tiene mucho que ver con cómo creo que otras personas me ven; y encajar en estos valores y estas normas de grupo se vuelve indispensable para poder pertenecer.

La vergüenza y la culpa están estrechamente relacionadas con nuestra identidad, es decir, cómo puedo verme a mí, así como con cómo soy vista por aquellas personas que me rodean.

Actualmente hablar de grupos de personas implica hacer referencia a familia, amistades, pareja… pero también es importante no olvidarnos de que pertenecemos a una cultura determinada, que tiene lugar en un contexto histórico-social determinado, en un lugar determinado, etc. y que cada pequeña capa de este conglomerado social, tiene un peso en la realidad que percibimos con respecto a nuestra identidad.

Sentimos vergüenza cuando anticipamos que podríamos ser carne de juicio por parte de otras personas de algunos de los grupos a los que pertenecemos. Ese juicio puede conllevar rechazo, y como explicábamos más arriba, si ahora el rechazo a una persona adulta no implica necesariamente poner en peligro su supervivencia, es algo que por nuestra genética no solemos llevar muy bien. 

Sentimos vergüenza cuando anticipamos que nuestra imagen pueda ser dañada, y por tanto, podamos ser rechazadas/os por parte de otras personas y/o grupos.

¿Y la culpa? La culpa está más relacionada con la percepción de estar llevando a cabo alguna acción que pueda resultar dañina para otra u otras personas. De esta forma, podemos empatizar con la herida ajena, anticipar y así evitar dañar; o en caso de haberse producido ese daño tratar de paliarlo o compensarlo. Solo así tendremos la oportunidad de mantener y reparar los vínculos que son tan importantes para podernos desarrollar de manera sana. 

En realidad por muchas situaciones incómodas o desagradables que hayamos podido vivir, parándonos a pensar podemos darnos cuenta de cómo una vida sin una pizca de culpa o de vergüenza no sería, al final del día, tan ideal.

La culpa tiene que ver con la protección y reparación de los vínculos importantes para la persona.

Y si son necesarias ¿Cómo es que pueden llegar a ser tan dañinas para personas que han pasado por una situación de abuso emocional?

Al igual que sucede con todas y cada una de las emociones, el hecho de que sean necesarias para nuestro desarrollo no implica que no puedan darse de una manera desadaptativa, o en otras palabras, mostrarse de tal forma que puedan estar siendo hirientes en lugar de estar llevando a cabo su función.

 

En el caso de la culpa y la vergüenza se trata de dos emociones que pueden llegar a ser muy incapacitantes cuando son utilizadas bajo un contexto de manipulación. Y es que haciendo uso de mecanismos muy básicos a nivel cerebral, podemos conseguir que la persona actúe de una determinada manera por sentir que sus necesidades relacionares más básicas pueden estar bajo amenaza.

Empezábamos este artículo expresando que el uso de estas emociones puede sumergir a la persona bajo una espiral en la que cada vez se sienta más ahogada. Y es que, por un lado, es fundamental poner en el punto de mira que la esencia de la manipulación es hacer creer a la victima que es la culpable o que nadie comprenderá lo que le sucede (vergüenza que conlleva al aislamiento). En otras palabras, la víctima nunca será culpable de los malos tratos recibidos; tampoco está sola. Cuando así lo sienta estará siendo aún víctima de la manipulación sufrida, y esto a su vez, dificultará que sea capaz de relatar lo vivido y poder ser ayudada. 

La esencia de la manipulación pasa por hacer creer a la victima que es la culpable de lo sucedido y/o que nadie comprenderá lo que le sucede.

Por otro lado, es fundamental saber que esta culpa y esta vergüenza funcionan como barrotes invisibles. Se convierten en una prisión que no se ve, y la persona siente un miento tan fuerte, e incluso a veces se siente tan agotada, que prefiere mantenerse dentro de la situación de abuso antes que asumir el duro cambio y arriesgarse a ser rechazada, no creída o invalidada de alguna forma.

Hasta aquí llega la primera parte de este artículo. Si te gustaría conocer más en profundidad este tema te animamos a que estés atenta/o a la publicación de la siguiente parte, y que te suscribas a nuestra Newsletter para estar al tanto de todas las novedades. También puedes contactar con nosotras a través de este enlace

Esperamos que te haya sido de utilidad.

 

Alba de A Pleno Pulmón

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